España en red

Actividades de los Centros Culturales AECID en Buenos Aires y Rosario

La Red de Centros Culturales de la AECID está presente en 16 países y en la Argentina se encuentra representada por los Centros Culturales de Buenos Aires, Córdoba y Rosario.
En esta sección compartiremos semanalmente las actividades más destacadas que se llevan a cabo en ambas ciudades.

YEGUAS (VIRTUAL)
El Centro Cultural Parque España propone una visita virtual a la muestra Yeguas, accediendo una selección de diez de las ilustraciones que conforman la exposición.

Este recorrido reúne a alguna de las mujeres más relevantes de la historia y de la cultura dentro del continente latinoamericano: artistas, políticas, escritoras, feministas y defensoras de los derechos humanos. Ordenadas cronológicamente, consiste en un homenaje a las mujeres que por su trabajo o legado han sido destacadas a lo largo de la historia.

Cada pieza ilustrada de esta visita guiada contiene un audio describiendo la vida de las mujeres representadas.
Más info

FURIOSAS ILUSTRADAS
En el marco de la muestra Yeguas, producida por Ediciones Invisibles y el Centro Cultural España de Buenos Aires, el colectivo de ilustradoras rosarinas Festival Furioso de Dibujo realiza un homenaje a alguna de las mujeres más destacadas de la ciudad de Rosario: Virginia Bolten, Emilia Bertolé, Olga Cossettini, Juana Elena Blanco, Norma Vermeulen y Elsa Pozzi de Massa (Madres de Plaza de Mayo), Amalia Celia Figueredo, y Angélica Gorodischer.

Las ilustradoras del Festival Furioso de Dibujo que participan son: Lucía Seisas, Vane Saucedo, Victoria Rodriguez, Lucía Tognarelli, Flopa, Alina Calzadilla, y Pipah.

Sobre el Festival Furioso de Dibujo

El Festival Furioso de Dibujo nació en Rosario en el 2014 motivado por la necesidad de un grupo de dibujantes de sumar a la agenda cultural un espacio de reflexión, expresión e intercambio en torno al dibujo y sus posibilidades, con el objetivo de integrar y fortalecer el circuito de reciprocidad que se genera entre quienes, por alguna razón, se sienten atraídos por esta disciplina.

MÁS INFO

Diez postales desde el décimo piso

Diez postales desde el décimo piso, la mirada del escritor argentino Martín Felipe Castagnet, que nos acompaña en estos tiempos de puertas adentro:

I
A las nueve de la noche salimos al balcón y mi hijo comenzó a aplaudir. Hoy cumplió un año y para él la cuarentena es una fiesta. Nació a la hora exacta del equinoccio y ahora coincide con el inicio del aislamiento. Ayer mi mujer saqueó un cotillón; lo último que hizo antes de encerrarse en casa. A la mañana soplamos las velas sobre un alfajor; el departamento está lleno de globos celestes con nubes dibujadas y para poder transitar los guardamos dentro del corralito.

Hablo por videollamada con mi tía, que además es mi madrina: «Es cuestión de esperar a que pase el fulgor de todo esto». Y después: «Vivo en cualquier lugar menos en el calendario». Lo dice sin esfuerzo, sin intención de decir algo lindo, y por eso da en el blanco; me gustaría aprender de ella. Estoy acostumbrado al encierro, pero igual no me alcanza para ponerme en marcha. Avanzo con una traducción (colaboración mediante) y un poco menos con los artículos académicos; mi nueva novela está en un limbo desde que empezó la pandemia. Es difícil imaginar una novela fantástica cuando la realidad es más creativa que uno. Antes insistía que la ciencia ficción era el nuevo realismo; ahora el mundo está tan cambiado que exige, aunque sea momentáneamente, toda nuestra atención.

De otras partes del mundo llegan imágenes de animales salvajes avanzando sobre zonas turísticas que antes evitaban, como peces en los canales de Venecia o jabalíes en las avenidas de Barcelona. También es un poco exagerado y el resultado de una excesiva separación; lo extraordinario es lo que vemos todos los días, la notoria falta de animales entre nosotros y la invisibilización de los que sí hay, como muchos pájaros e insectos. Toda disrupción es breve y esta no parece ser la excepción, pero ofrece un buen pantallazo. The World Without Us («El mundo sin nosotros») es un libro publicado en 2007 del norteamericano Alan Weisman sobre qué pasaría si los humanos desaparecieran de pronto, con el avance de la vegetación por sobre las construcciones abandonadas y la recuperación de innumerables especies animales. Recuerdo una imagen en particular: cuando retroceda la próxima glaciación, la siguiente forma de vida en utilizar herramientas va a descubrir y quizás utilizar restos oxidados de nuestros cableríos y tuberías, pero sin saber de dónde provienen. Me lo descargué en PDF y lo tuve muchos años en Mis Documentos; recién lo busqué en los remanentes de mis computadoras viejas, sin éxito.

Con mi hijo me encargo de cuidar las macetas del balcón. Las regamos juntos, para que aprenda a ser suave, y arrancamos los yuyos, para que aprenda a ser cuidadoso. La ciudad está en silencio, pero en la esquina de casa se estrella un auto y el estruendo nos interrumpe la siesta, como en ese cuento de Ray Bradbury en el que dos ciclistas chocan de noche en el medio de la nada. Ya casi no se escuchan ruidos. Algunos globos resultaron de peor calidad y estallaron de pronto; me llevo los que quedan a la cocina, cierro la puerta y los pincho con un cuchillo. ¡Pum! ¡Pum! Los buenos globos, en cambio, se desinflan de a poco.

Este departamento, que alquilamos por poca plata, es un refugio de privilegiados. Tiene balcón, buena luz y una biblioteca de libros adorados. Cuando era chico me encantaban los libros de Fanfan del francés Pierre Probst: el joven protagonista tenía un barco y leía mientras comía una manzana en la comodidad de su camarote; afuera diluviaba y no había necesidad de salir. Dentro de poco ese sentimiento se va a desgastar, así que pienso disfrutarlo todo lo que pueda. Pienso en todas aquellas cosas que me ayudan cuando estoy mal, como hacerme un licuado de banana o compartir imágenes tristes en internet. Yo-Yo Ma (¿hay algún nombre mejor?) interpreta todos los días en Twitter un tema que le sirva de consuelo, y en estos tiempos de distanciamiento social compartir es una forma de sobrevivir. Y cuando nada más funciona: el olor a pan de leche en el cuello de mi hijo.

Siempre rápido en dormirme, esta vez tardo, como si el sueño se hubiera ido de paseo. Me acuerdo de esa frase de Mario Levrero: «¡Es tan breve el verano! Apenas el tiempo de cortar un tomate en rebanadas». Ya estamos en otoño. Buenas noches.

MÁS INFO

La lista de exceptuados, 8 relatos de Ángeles Salvador
1. La mucama de la clínica
La jefa nos asignó a Raque y a mí el piso de aislamiento de los contagiados. Raque me cae bien, tiene cincuenta años y dos nietos mellizos de seis meses. Los viernes trae cuatro facturas para hacernos un café con leche en el recreo de las nueve y me muestra videos de los bebés. Debemos limpiar las habitaciones, luego la sala de enfermería y el cuarto privado de los médicos. Tenemos de refuerzo a Dieguito, un chico de Berazategui que entró al servicio hace un mes cuando mandaron en cuarentena a las mucamas de los tres turnos que atendieron a un covid. Había trabajado limpiando oficinas, nunca hospitales. Dieguito pasa la lustradora y la mopa de vapor en los pasillos y lo están capacitando para gestionar los residuos patogénicos por si se caen algunos de los muchachos del acopio. Yo voy a las habitaciones que van de la 901 a la 918, y Raque de la 919 a la 924. Me tocaron más a mí pero no quieren que nos repartamos parejo para que no crucemos de ala. Es importante la trazabilidad, nos dijeron. Eso es poder trazar el camino hacia atrás para ver qué recorridos hicieron las cosas, como en Hansel y Gretel que con migas de pan hicieron un mapa de su derrotero, aunque no les funcionó.

MÁS INFO

Más actividades

noviembre 2020

lu ma mi ju vi sa do
26 27 28 29 30 31 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 1 2 3 4 5 6