Formación Cultural

El camino de la Imagen

8 de setiembre
Exposición: El camino de la Imagen
Pinturas de Eduardo Giusiano.
Sala de Exposiciones Ernesto Farina, Av. Ricchieri y Concepción Arenal – Ciudad de las Artes, Córdoba, Argentina.
Eduardo Giusiano fue alumno y maestro de la Escuela Superior de Bellas Artes Dr. José Figueroa Alcorta. La exposición es producida por la Escuela Superior de Bellas Artes Dr. José Figueroa Alcorta, conjuntamente con la Secretaría de Cultura de la Provincia de Córdoba.
Horarios: Martes a viernes de 9 a 13 hs. y de 17 a 21 hs. / Sabados y domingos de 17 a 21 hs.

TEXTO DE INTRODUCCIÓN – CATÁLOGO

Historia Redescubierta
El Director de la Ciudad de las Artes y los cinco Directores de las Escuelas integrantes de este complejo educativo cultural celebramos la inauguración de la exposición “El Camino de la Imagen” del gran pintor Eduardo Giusiano en el año del quinto aniversario de la Ciudad de las Artes. La Sala de Exposiciones Ernesto Farina desarrolla desde el año 2005 una particular actividad en la búsqueda de una identidad propia respetando el contexto en que está inserta. La propuesta inicial de crear un espacio para la difusión, la promoción y la conservación de las artes visuales de Córdoba se ha cumplido y ampliado con las exposiciones realizadas, potenciándose y renovándose en cada ciclo lectivo. La Sala de Exposiciones trasciende lo puramente académico para convertirse en un punto convocante donde la comunidad educativa de la Ciudad de las Artes se enriquece en un intercambio intenso y unificador aspirando a transformarse en el lugar donde se hace visible la actividad de enseñar, aprender, mostrar, crear y gestionar arte y conocimiento, extendiendo esta propuesta hacia la cultura y educación cordobesa.Es así que durante estos cinco años su público se ha incrementado, siendo constante el paso de visitantes diarios. La Sala amplia sus posibilidades con la incorporación de formatos inéditos como las muestras de larga duración y las pertinentes actividades didácticas. La impecable colección de catálogos da cuenta de ello que como esta publicación, con la destacada participación de Elba Pérez, aportan sustento a las exposiciones. El crecimiento coherente y constante en el tiempo de la SALA DE EXPOSICIONES ERNESTO FARINA afianza nuestra convicción sobre este privilegiado lugar: la CIUDAD DE LAS ARTES destinada a la educación artística en todas sus expresiones es el ámbito que las Escuelas nos merecemos desde su creación. Por eso a quienes habitamos la Ciudad de las Artes nos es grato decir que en el 2010 cumplimos 355 años, como un numero simbólico, suma de nuestras historias, la historia redescubierta de cada una de las Escuelas que con sus casi seis mil alumnos, le otorga sentido, día a día, a este Complejo Educativo Cultural.

CRITICA DE OBRA – ELBA PÉREZ

Esa otra vigilia
Eduardo Giusiano vuelve a ofrecer las preseas del cazador oculto que es el núcleo central de todo artista. Alerta, siempre en acecho sin ánimo predador, en vigilia suspensa, accesible y vulnerable a la revelación, la epifanía, donde externo e íntimo conviven, comulgan.
Este proceso demanda la pupila entornada, el espacio recoleto del taller, el laboreo delicado de materias, pigmentos, barnices que aceleran o demoran las veladuras de color, la tensión del gesto que dibuja y traza contornos que delimitan o por proximidad crean áreas donde respira-entona-el soporte de papel o tela. Porque la pintura, como la música, orquesta plenos y vacuos, silencios imprescindibles para que vibre el sonido.
Tal es la materia de los sueños que cada obra opera. Revelación y preservación del misterio y por tanto acicate a regresar, a buscar sin cierta promesa de triunfo o hallazgo. Casi a ciegas-¡vaya paradoja para un pintor!- buceador de imaginarios propios, próximos y ajenos- a compatibilizar –armonizar- en formas virtuosas y exigentes como el soneto, la armonía espacial de la basílica o la suprema sacra conversazione de la música de cámara.

Para acometer esta empresa superior el hombre intuyó y, finalmente, regló en geometría
la polimorfa latencia ,el vocinglero imperativo susurrado desde voces ocultas, jamás pasibles de elucidación discursiva. Y allí reside el intenso poder comunicante de las formas silentes emitidas desde líneas, formas, colores y texturas dispuestas sobre una superficie plana. Y esta milagrería se cumple desde los petroglifos de Altamira y Lascaux hasta nuestros días. El largo devenir y las adherencias temporales y culturales hasta nuestros días serán cubiertos, raudamente, por quien lea estas líneas. Mejor aún, por quien contemple la obra de Giusiano.

Conviene despejar algunos estereotipos. Eduardo Giusiano es cordobés, descendiente de italianos, formado en su provincia y en Firenze. Tiene humor pero no el irresistible , pronto, que marca nuestra provincia mediterránea. El suyo es sutil, sin aguijón, otra
forma del humanismo que opera su obra. El curriculum vitae da pormenor cominero de este trayecto. Pero no ilumina la causa central.

Estas obras que Giusiano ofrece hoy prolongan la tensión del arco del arquero zen.
La ratio geométrica que da directriz a la organización dinámica de las formas no
condicionan el vuelo. La tensión sensible del pulso, la superposición de pigmentos y densidades matéricas orquestan un entramado instalado en la materia-shakesperiana-de los sueños. Entrevistos, acechados, buscados con la pupila-la vigilia-entornada, encelada.

Tales operaciones fantasmáticas no son obras del azar.
Eduardo Giusiano es hombre y artista de sólida y exigente formación. Doble exigencia
que asumió como mentor de su proceder humano.
Conoce, sabe y dispone, de los saberes antiguos y nuevos del arte que oficia.
Apela con tino a los artilugios tecnológicos, en su justa medida. Vermeer de Delft usó la cámara negra, los impresionistas la cámara fotográfica para captar el gambito del caballo. Todos recursos accesorios para captar el gambito supremo, la imagen personal de lo visto, lo vivido, padecido y soñado. En nombre propio y prójimo.

Giusiano pulsa la cámara digital para captar la trama efímera de luces y sombras en interferencia usual. Entramados de emparrados o celosías, confrontaciones de blanco y negro sobre los más prosaicos objetos que Duchamp puso en valor. Sin estridencia, sotto voce, afinadamente entona sus armonías visuales. Tan elocuentes, pero no discursivas, como es la esencia de las artes visuales.

Conocimiento, experiencia y disponibilidad –no al azar sino a la epifanía-operan en estas obras. Proponen un diálogo, un convivio, un ágape, sin previa preceptiva. Sólo así es posible intercambiar, conciliar, el asombro prójimo y el reconocimiento de lo propio que es sustancia de la comunicación sensible. La que nos ofrece Eduardo Giusiano.

Elba Pérez
Buenos Aires. Julio de 2010

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