ENTRE RÍOS 40

La casa de Entre Ríos al 40, también conocida como la casa Garzón Maceda, es uno de los principales exponentes de la arquitectura doméstica cordobesa del siglo XIX, y uno de los pocos que se conservan hasta el día de hoy.
Actualmente alberga al Centro Cultural España-Córdoba a la vez que es un testimonio vivo de la historia de nuestra provincia y nuestro país.

HISTORIA

La primera edificación que se conoce en el terreno que hoy ocupa la casa de Entre Ríos 40 data del año 1587 y fue ocupada por el capitán Francisco López Correa (1573-1630), cofundador de Córdoba.
Su segundo ocupante fue Diego Correa y Lemos, al que lo sucedieron Bazán de Pedraza, Tejeda y Guzmán, Ponce de León, Peralta de Paz y Figueroa.
Para el censo de 1778-1779, era habitada por Juan de Alberró y su familia. La casa pasa luego por distintos dueños hasta llegar en 1799-1800 a Juan de Saráchaga y Salcedo, quién la vende a Vázquez y Maceda.
La casa actual, de autor desconocido, fue mandada a construir entre 1871 y 1876 por sus propietarios, los Garzón Maceda. Se conservaron las dos salas y aposentos existentes en ese momento y se modificó y amplió el resto de la propiedad, adecuándola al estilo italianizante propio de la época.
A mediados del siglo XX la vivienda pasa a manos de M. Augusto Ferrer y posteriormente a la familia Begnis-Miglioreti.

A fines de 1979 es expropiada a María Florinda Castellano de Boero por la Municipalidad de Córdoba y sometida a un arduo proceso de restauración, como consecuencia del estado avanzado de deterioro en que se encontraba. Para esto se contrata a miembros del instituto de Historia y Preservación del Patrimonio de la Universidad Católica de Córdoba. El equipo estaba integrado por los arquitectos Marina Waissman, Freddy Guidi y M. Teresa Sassi, quienes realizaron una evaluación urbana y arquitectónica en base a documentación gráfica existente y al estudio de restos encontrados, para elaborar la propuesta de refuncionalización. Se trabajó en la recuperación de medianeras, galerías, techos, cielo rasos, carpintería, aljibe, etc., respondiendo a los diseños originales.

Luego de finalizado este proceso, en diciembre de 1983 comienza a funcionar el Museo de la Ciudad, cuyo director fue el arquitecto Juan Manuel Bergallo. Con el objetivo de conservar el patrimonio urbano de Córdoba, se rescataron todo tipo de objetos de valor histórico que se conservan hasta el día de hoy, como las rejas que decoran los patios de la casa, el cartel del diario Córdoba y la estatua que hoy se encuentra al lado del anfiteatro, en el último patio.
Esta institución permaneció hasta 1991, año en que se funda el Centro Municipal de Exposiciones José Malanca, rindiendo homenaje a uno de los artistas plásticos cordobeses más reconocidos del siglo XX.
En 1997, la municipalidad de Córdoba y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, junto con sus representantes locales y el Consulado de España en Córdoba, firman la carta de intención que da paso a la conformación del Centro Cultural España-Córdoba. Finalmente, el 7 de abril de 1998, abre sus puertas bajo la dirección de Daniel Salzano. Hasta el día de hoy, el CCE.C tiene como objetivo brindar difusión a nuevas tendencias estéticas, resguardo a artistas emergentes y aquellos provenientes de la autogestión y crear un polo de producción y formación artística iberoamericana en constante sinergia con otras instituciones.

LA CASA CHORIZO

La casa de Entre Ríos 40 es uno de los exponentes cordobeses más valiosos de la tipología de la “casa chorizo”, propia de la clase urbana media o baja de fines del siglo XIX en Argentina.
Esta tipología surge a raíz de las transformaciones que tienen lugar en el país a partir de la llegada de las oleadas inmigratorias de Europa. En las principales ciudades comienza a manifestarse un sensible aumento de la densidad poblacional, acompañado de la especulación en el uso del suelo urbano y la subdivisión por herencia, que llevó a la reducción de los antiguos solares coloniales de un cuarto de manzana a terrenos de menor superficie.
Así se crean estos lotes estrechos pero profundos, generalmente de ocho, diez o doce metros de frente por los 50 que tenía de fondo el cuarto original. De allí surge la denominación de “casa chorizo”.
Esta tipología se enmarca también en un proceso de fuerte renovación de la imagen de la ciudad colonial. Por primera vez se crea una vivienda extrovertida, es decir, que se abre a la calle. Las casas coloniales eran más bien introvertidas, mirando hacia patios interiores y con grandes muros exteriores, porque la vida se desarrollaba mayormente en el interior de la vivienda, aislada de la hostilidad de las ciudades. En el siglo XIX surgen nuevas normativas municipales y se implementan las veredas, los empedrados de las calles, el arbolado público, la iluminación urbana y muchas otras características que renovaron la ciudad de Córdoba. Como resultado, las viviendas comienzan a abrirse a la calle, a mirar hacia afuera. A esto se suma la influencia de la arquitectura del historicismo, que busca la transculturación de los modelos europeos. Fruto de estas tendencias son el Teatro San Martín y el Banco de la Provincia de Córdoba, por ejemplo. Esto se da a un nivel más popular en la fachada de las “casas chorizo”.
El frente de la casa de Entre Ríos 40, al igual que en todas las de la misma tipología, se caracteriza por poseer tres claras particiones horizontales: un basamento, un cuerpo central y un coronamiento. A su vez, presenta un ritmo de particiones verticales basado en el orden clásico, en este caso generado por pilastras adosadas al muro, que enmarcan cada una de las aberturas.
Cabe destacar las dos magníficas rejas salientes de hierro forjado, así como la reja cancel que separa el zaguán del primero de los patios. Esta última es una réplica de la original, que pudo ser restituida gracias a la documentación existente.
Otra rasgo novedoso de esta tipología es la cubierta plana, o cubierta de azotea. La arquitectura colonial se caracterizaba por las cubiertas con pendiente, con cabreadas de madera y tejas musleras, que escurrían hacia la calle. La casa de Entre Ríos 40 tiene toda la parte anterior plana, mientras que la parte posterior conserva algunas cubiertas coloniales de lo que fuera la antigua casa sobre la que se construyó la nueva vivienda. Las cubiertas planas eran posibles gracias a la revolución industrial, a partir de la cual se comenzó a importar la perfilería de hierro que se utiliza para su construcción.
Los componentes de las casas chorizo siempre son los mismos: un ingreso a través de un zaguán, con su puerta principal y sus rejas, que se comunica al primer medio patio, y la sala o estar, que siempre está localizada hacia el frente de la casa con aberturas a la calle. La casa de Entre Ríos 40 presenta en la sala (actualmente la Mediateca) un magnífico cielo raso con pinturas. Luego, sobre el primer medio patio se encuentra la tira de los dormitorios (actualmente salas de exposición), todos comunicados entre sí. A continuación se encuentra el patio principal, el patio social de la casa, donde se encuentra el aljibe que abastecía de agua a las familias. Este es cerrado por un comedor (actualmente oficinas) que mantiene un paso hacia el segundo medio patio, donde se encontraba el sector de servicios con la cocina, el depósito, la bodega y las habitaciones de servicio (oficinas y baños). Finalmente, en el fondo del lote, se encontraba la huerta, que abastecía a las familias de frutales, hortalizas, etc. También en el fondo, al no existir servicios cloacales ni de agua corriente, se encontraban los sanitarios.

En las “casas chorizo”, como característica principal subsiste el ya mencionado patio central. Pero, a diferencia del patio completo colonial, rodeado por locales y habitaciones en sus cuatro caras, este se reduce a medio patio, en el que una cara se destina a la medianera. En muchos casos se construían viviendas apareadas, en las que los patios centrales coincidían, separados entre sí por el muro medianero.
Esta casa en particular se destaca por un nivel de terminación, de detalle y de ornamentación muy rico, con un leguaje italianizante, más específicamente, pompeyano, de grandes atrios con columnas corintias que emulan el estilo italiano clásico, cuyo origen está en la domus, la vivienda romana. Esto no es común en las “casas chorizo”, ya que generalmente las clases urbanas más acomodadas tenían viviendas que correspondían a otras tipologías como los “petit hotel”, los palacios o, alejándose ya del casco céntrico, las grandes villas suburbanas, surgidas  también en el siglo XIX. Ejemplos claros de estas tipologías son el Museo Genaro Pérez, el Palacio Ferreyra y el Centro de Arte Contemporáneo Chateau Carreras, respectivamente.

La casa de Entre Ríos 40 es un ejemplo excepcional de una “casa chorizo” de gran jerarquía. Un testimonio único de la historia, un verdadero tesoro del patrimonio cultural de los cordobeses que recorrió un largo camino para llegar a ser hoy la sede del Centro Cultural España-Córdoba, un espacio en que las tendencias más vanguardistas del arte contemporáneo dialogan con el pasado clasicista en una conjunción propia del eclecticismo de nuestros tiempos.

Investigación realizada por Federico Álvarez

Fotografías: Paulo Jurgelenas

Fuentes

  • Entrevista a Arq. Juan Manuel Bergallo
  • Subdirección de Patrimonio Cultural, Municipalidad de Córdoba
    • Fotos de la expropiación
    • Textos de Arq- Juan Ramón Rossi Fraire y Lic. Silvia Sanchez de Díaz Reyna
  • LA VOZ DEL INTERIOR Lunes 12 de Julio de 1982 – Segunda Sección
  • ARQUITECTURA / CONSTRUCCIÓN / DISEÑO

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