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PRESENTACIÓN DE DOS LIBROS: Ángel en llamas y Meditatio mortis

Miércoles 7 > 19 hs.
Autor Daniel Vera
Comentado por Carlos Schilling
Editorial: Alción

Biografía
Daniel Vera, nacido en Córdoba hace 67 años, ha sido entre otras cosas profesor deFilosofía del Lenguaje en la Universidad Nacional de Córdoba, y lo sigue siendo en la Universidad Católica de Córdoba. Ha publicado algunos libros de poemas entre los que se destacan Fundamento Hsin, Las Leyes Libertad y Machiavelli. También ha publicado una colección de ensayos: Investigaciones Estéticas, y otros tantos o más andan sueltos por ahí en revistas y actas de jornadas y congresos. En la actualidad su curiosidad se orienta hacia la epistemología del entrenamiento deportivo, asociada a su práctica del atletismo de fondo.

Blogs del autor
http://tortugasylentejas.blogspot.com.ar/
http://chuzasylechuzas.blogspot.com.ar/

LIBROS

Ángel en llamas
Ángel en llamas recoge poemas escritos entre 1982 y 1985, los cuales marcan una transición y pueden leerse, por lo tanto, como un final o como un comienzo. En ellos se tematiza la preocupación por la especificidad del lenguaje poético y la relación de la poesía con otras actividades humanas. Aquí y allá su tono dibuja la figura de un manifiesto.
Meditatio mortis

(Prólogo)
Este es un libro de filosofía de la vida delante del cual caben la admiración y la cautela. Admiración por su escritura arrebatadora, su pensar insistido, sus deliciosas insinuaciones eruditas. Cautela en la medida en que sugiere, desde su propio cuerpo, otras maneras de preparar la muerte. Vera presenta con elegancia su elogio de la longevidad como un
“permanecer cooperativo”, como si la vida fuera débil y desamparada y precisase de nuestro concurso para adquirir cualidad. Quedarse en la vida el mayor tiempo posible no porque sea buena, sino para tornarla buena. Mejor no morir, no en el sentido de la ilusoria inmortalidad, sino en el de una mortalidad testaruda y casual: ser­para­la­suerte, sobrevivencia irónica, sin nunca caer en las miserias del optimismo. Pero el libro es para sutiles (no para crustáceos), ya que la vida presentada por Vera es cruda: corrupción innata e irreversible (49), entropía
devastadora (64), sin mundos salvadores (26), mucho peor que lo imaginado por el peor pesimista (56, 64). De la cruda presentación veriana de la vida no se infiere fatalmente la longevidad irónica y paciente, ni la condenación del suicidio ni la exclusión de la vida corta y contundente. ¿No vale poco una vida vivida en la desconfianza? (21). ¿Por qué no mejor morir sano que vivir enfermo? (14). La muerte cotidiana (Séneca), ¿no es lo único que se vive (contra Wittgenstein)? (15). En el Titanic que se hunde o en las To­rres que se queman, ¿hay tiempo para una larga prepa­ración? Amarga es la vida que intentamos desespe­
radamente tornar dulce. ¿Por qué no una dietética del dulce veneno (¿y no nos envenenamos diariamente?).
Hay que estar vivo para fumar, pero un cigarrillo bien vivido (aquél de Zorba, el griego) ¿no es mejor que una vida eterna sin humo? (17) Vivir mucho no significa vivir bien: ¿100 años de necedad? (27).
¿Ninguna muerte es prematura? (37). Quedarse quieto como una forma de correr, maratón degenerada (en sentido lógico, no moral). La genialidad de este libro consiste en no excluirstas posibilidades, sino en verlas en una Gestalt diferente. No ignora que toda preparación para la muerte es sabiduría tardía, posterior al grave error de nacer. Esta diáspora de sentidos es tan sólo uno de los júbilos que este libro maravilloso de Daniel Vera nos ofrece.

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