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Muestra “Un transitar” de Marcos Acosta

Viernes 18  de Mayo, 19:00hs
cierre: 20 de julio

Un transitar
¿Qué vendrá después de lo que pasó?

Marcos Acosta presentó en el año 2009 una exposición que tituló Origen de la catástrofe. En aquella ocasión percibí que su mayor preocupación era la existencia del hombre en tensión con la naturaleza. Esa naturaleza que equivocadamente creemos que solo son las zonas verdes y azules del mapa, los animales, los planetas y las estrellas, olvidándonos que nosotros somos parte de ella. A través de pinturas, dibujos y textos intentó compartir la inquietante cuestión del ser.

Durante el 2010 su obra estuvo expuesta en diferentes espacios del país. Mientras tanto el artista intentó producir nuevas obras pero la catástrofe parecía haber llegado a su taller.

En el mes de mayo del siguiente año produjo una instalación en el Centro Cultural España Córdoba que llamó Bajo el agua. A partir de la pintura “El mar” de la serie Origen de la catástrofe lo invité a crear una experiencia acuosa en uno de los patios del centro cultural. La obra fue luz. Sin embargo no podía alejarse de la serie anterior. El artista creaba esculturas de elementos que aparecían en sus dibujos y pinturas, ellos salían del espacio pictórico al espacio habitable.

En el mismo año viajó por varias ciudades de America del sur y Europa, nació su hija y comenzó a producir la nueva serie.

Esta vez lo que podrán ver es la transición, una serie de pinturas, dibujos y esculturas que están entre el pasado y el futuro, el proceso de pensamiento que no sabe exactamente a dónde se dirige. Una mirada de la naturaleza que pareciera estar en movimiento constante. Recuerdos de paisajes, formas alteradas y colores disruptivos.

Creo que la distancia entre naturaleza y hombre está empezando a desaparecer.
Romina Castiñeira
Curadora CCEC


En tránsito

¿Qué sucede entre un lugar y otro? Ese espacio que separa los lugares, el proceso que en ellos ocurre, se me presenta con insistencia en mis recuerdos. A veces, desde la condición de pasajero uno tiene la sensación de que el tiempo se detiene, o en otros casos, se estira hasta romperse.
Pienso los viajes como momentos de transformaciones profundas: nunca se es la misma persona al regresar. A veces no parece que algo hubiese cambiado, pero sin embargo, tarde o temprano algo inesperado ocurre, re-significando todo lo vivido.
Los espacios entre los lugares a veces nunca los pisamos. Solemos flotar sobre la tierra sin llegar a sentir esos paisajes bajo los pies. Conocemos infinitamente más por nuestros ojos que por el resto de los sentidos, tal vez por eso los recuerdos de esos tránsitos sean imágenes. Las montañas, lagos, ciudades, rutas, caminos, bosques, sembradíos o desiertos permanecen en nuestra memoria como un registro fotográfico, ausente de olores, sabores, tacto. Sólo cuando descendemos del viaje, esos otros recuerdos pueden grabarse en nuestra mente. Y es verdad que rara vez uno desciende.¿Por qué una línea trazada por nuestra memoria puede evocar ese transcurrir? A veces me pregunto… y las respuestas son difusas. ¿Seremos la acumulación de esos paisajes en nuestro espíritu? ¿Cuántos kilómetros seremos capaces de atravesar en nuestras vidas?, ¿Cuántas personas transitarán nuestras vidas?

Recuerdo que desde el avión, viajando de noche, se ve un océano negro salpicado
de luces por doquier. Pueblos y ciudades conectados por líneas encendidas y en
movimiento. ¿Dónde empieza y dónde termina el Hombre? Se me ocurre imaginar que no hay nadie en esos espacios negros… pero… ¿Qué hay entonces?

Unos miles de kilómetros después de partir, comúnmente se llega a destino. Pero es difícil saber si ese destino sigue siendo el mismo que teníamos en mente al salir.
Pienso que no hay mejor destino que aquel que es incierto. A veces fantaseo con un
viaje perpetuo, en el que nunca debería saber a dónde voy.
Hacer obra tiene mucho que ver con esta fantasía… no hay manera de prever el final una vez se parte. Un espacio vacío genera en mí la ansiedad del movimiento, del transitar hacia nuevas fronteras en las que nunca he estado. Frontera en la que espero nadie haya pisado. ¿Será posible esa tierra virgen aún?

Nunca antes en la historia tantos Hombres han transitado tanto. En poco tiempo
podemos recorrer vastas distancias que de otro modo nunca hubiésemos soñado
alcanzar. El mundo se hizo un lugar más pequeño en nuestra imaginación con estas
velocidades. Posiblemente podamos sentir la brisa en ese océano negro habitado
por quien sabe qué. Sentirla y de ese modo creer que podemos comprender lo
incomprensible, aunque sea por un instante.
Un transitar no es otra cosa que nacer y, en algún momento, llegar a destino, sin perder de vista lo impostergable que resulta pisar, oler, morder, tocar, vivir el paisaje entre medio de los dos puntos luminosos.
Marcos Acosta
Artista

Sobre el artista

Marcos Acosta (1980), nació en Córdoba Argentina. Egresó de la Escuela de Artes de
la U.N.C. y ha sido discípulo de Carlos Peiteado.
Ha realizado numerosas muestras individuales, entre las que se cuentan: Museo E.
Caraffa, Córdoba; Museo de Bellas Artes de Salta; Museo Octavio de la Colina, La
Rioja; Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires; Palais de Glace, Buenos Aires; Centro
de Arte Contemporáneo “Chateau Carreras”, Córdoba; Centro Cultural Cabildo,
Córdoba; Galería Del Infinito, Bs. As.; Galería Sylvia Vesco, Bs. As.; entre otras.
Ha participado en más de 50 muestras colectivas en argentina y el exterior. También
participó en numerosas ocasiones de ferias como Arte BA y Expo Trastiendas.
Poseen su obra colecciones públicas y privadas de Argentina, Uruguay, Colombia,
Luxemburgo, Italia, Inglaterra y Estados Unidos.
Vive y trabaja en Córdoba, Argentina.

Sobre el artista

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