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Cambiar de piel: editorial de Natalia Dora Spollansky

Tras un verano abrasador, de calores agotadores que aún se niegan a abandonarnos del todo, cruzamos los dedos para que los esporádicos fríos que nos visitan, lleguen para quedarse.
Será en ese momento en el que sufriremos una substancial mutación: la epidermis que hasta estos días lució bronceada, tras franquear el periodo primavera-verano, se hará más translúcida y natural; aquella con la que hemos nacido –y que si no fuera por las pautas y cánones imperantes que nos someten a una uniformidad drástica que borra cualquier signo de individualidad– nos acompañaría en la pasarela de nuestros días, estoica, inalterable.

Ahora bien: algunas de las expresiones expuestas en este texto proponen que los cambios de piel no sólo se refieren al oscurecimiento versus blanqueamiento de nuestros pellejos, sino
también a las gamas de color que vienen decretadas desde los países del norte, las cuales gobernarán de manera cuasi autoritaria la mayoría de los ropajes que se exhiben en las vidrieras  de los próximos meses. ¡No se nos vaya a ocurrir desear adquirir una prenda de un matiz que no se encuentre contemplado en la tendencia de una actualidad que tras tres meses habrá caducado para recomenzar el círculo del consumo indiscriminado!
Este mes, los vestíbulos de nuestra casa recibirán a numerosos hacedores de San Juan; Tucumán; Tilcara, y Santa Fe entre otros, quienes expresarán que hay otras maneras del quehacer de la moda, fracturando los dictámenes de los in y los out para responder a la pregunta: ¿Existe un diseño argentino?
Natalia Dora Spollansky

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