Formación Cultural

Los afiches tiemblan

Proyección de Oscar
Un documental de Sergio Morkin
Sábado 17 de octubre / 19.30 hs.
(DVD, Argentina,2004, 56 min.)
Producido por Nicolas Avruj y Sergio Morkin
Historia: el caso de un taxista y dibujante que interviene gráficamente publicidades callejeras.
Entrada libre y gratuita hasta agotar la capacidad de la sala

Esta proyección se realiza en el marco del curso-taller “Nuevas intervenciones en el espacio público a través del diseño”, dictado por d.i. Manuel Rapoport en la FAUD (Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la UNC).

´OSCAR, TAXISTA Y ARTISTA´
ESTE EXTRAORDINARIO TRABAJO SE CENTRA EN LA FIGURA DE OSCAR BRAHIM, UN TAXISTA Y DIBUJANTE QUE “INTERVIENE” GRÁFICAMENTE EN LAS PUBLICIDADES CALLEJERAS.

Fuente: diario “Clarín”

Oscar Brahim podría ser un tipo cualquiera, pero no lo es. O tal vez sí lo sea, con la única diferencia de que es talentoso, ocurrente y muy lanzado. Oscar Brahim podría ser un taxista más de los que circulan por Buenos Aires quejándose de todo y de todos. Pero no lo es. O, bueno, pensándolo bien, tal vez sí lo sea, con la distinción que sus quejas son inteligentes, generalmente muy atinadas y que, encima, el hombre pone sus pensamientos en acción.

¿Qué es lo que hace Oscar para transformarse en un tipo tan particular y merecer una película cuyo título sea su nombre? El Oscar que cuenta Oscar, el brillante documental de Sergio Morkin, es un artista gráfico, un diseñador, dibujante, un creativo que “interviene” sobre las publicidades callejeras hasta tornarlas irreconocibles: las dibuja encima, las pinta, las mancha, les agrega cosas, las escribe. Lo que hace es invertir su significado, deformarlo, transformar un espacio comercial que, asegura, ofende a los sentidos, en un espacio artístico, de conversación, de debate estético y político.

Esto puede resultar muy teórico, pero en la práctica es divertido, arriesgado y por momentos muy duro. El filme de Morkin muestra la vida cotidiana de Oscar. Casado, con tres hijos, con muy poca plata en los bolsillos y a punto de ser desalojado de su departamento, Oscar no puede dejar de ponerse en riesgo (descuidando su trabajo como taxista y siempre a punto de caer en manos de la policía) en esta tarea de combate estético que ha dispuesto hacer con su vida. Viendo las publicidades antes y después de sus intervenciones no quedan dudas de que, además de sentido del humor, el hombre tiene un gran talento artístico que de otra manera sería desaprovechado.

El filme muestra sus pequeños triunfos: el reconocimiento de dibujantes como Sergio Langer, a quien lleva a pintar un afiche en una secuencia muy graciosa; las conferencias que da en la Facultad de Arquitectura y en el Instituto Goethe, y su sorda batalla contra los publicistas Agulla & Baccetti, a quienes considera sus enemigos.

Casi todo el filme transcurre en los años 2000 y 2001, cuando esa agencia intentaba lanzar al “Super De la Rúa”, modernizando su imagen gráfica. En vistas de lo que va ocurriendo en el país en esos años —y que el filme usa como trasfondo más que significativo— se puede observar que la lucha de Oscar precede y anticipa el estallido de la crisis, en sus observaciones sobre el combate entre una sociedad casi desnutrida y un apabullante aparato publicitario para vender enormes cantidades de productos inservibles.

El filme, de apenas una hora de duración, logra ser crítico, ácido, divertido y hasta emotivo al contar los sufrimientos físicos que padece Oscar por culpa de su tarea. Con un ritmo y montaje furiosos, que se asemejan a la urgencia cotidiana que envuelven al hombre y su taxi, el filme es un retrato cariñoso y también un compartido grito de fastidio.

Por Diego Lerer

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