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EL GRAN 9 // Aniversario

Un profesor de latín se mofaba de no haber puesto nunca en su vida un diez.  Cada alumno del curso, en su interior, soñaba con ser el primero y el único capaz de romper el hechizo de jamás-diez. Así las cosas, en aquel curso de 1991, el nueve era el símbolo de la perfección y, aunque los padres no lo supieran, representaba una lección inmejorable de latín. Y una enseñanza de vida: la perfección es una abstracción de quienes detentan la expectativa y, de una persona más, aunque ésta se haya jubilado.
El CCEC llega al año nueve de su vida con una propuesta digna de la mejor lección del aula:

· La cooperación para el desarrollo transformada en una manera de relacionarse con otras instituciones sociales o culturales, empresas, organismos no gubernamentales, entidades de enseñanza, colectivos de artistas independientes, medios de difusión masivos, pequeños boletines exclusivos, etc. etc. etc.

· La intermediación entre creadores de todas las disciplinas y nuevos públicos, como el leit-motiv de cada acción, en su vertiginosa programación

· la presencia física o anímica de todos los actores del circuito cultural y artístico marchando por la casa, de misma manera que la casa está presente cada vez más, en otros procesos externos, haciendo de todos estos proyectos, factores inclusivos.

Por consiguiente resta que los padres –para nosotros la gente, el público– siga ejerciendo su derecho a la cultura, pero conscientes que el nueve es la mejor calificación, ya que invita a seguir trabajando, muy duro, siempre.

Pancho Marchiaro, Subdirector del CCEC

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