Artes Visuales

CICLO INFANCIA //La Granja de Dios // Luis Vidal

BONUS:
Luis Vidal conversará con el público el día de la apertura de “La Granja de Dios”

Un artista del Horror
El arte moderno, que ha consagrado la crueldad como categoría estética, ha convertido en una de sus obsesiones, pero también en uno de sus problemas fundamentales, la representación del horror. Entre las innumerables propuestas artísticas que han tomado el horror como materia de representación, muy pocas son las que escapan a los peligros que acechan a todo intento de enfrentarlo. El peor de todos es el de quedar fascinado por el horror mismo, limitándose a reproducirlo o a reflejarlo. Buena parte del arte contemporáneo se limita a funcionar como correa de transmisión del horror inaguantable del mundo: se ofrece –por espanto o por incompetencia, por resignación o por simple ánimo de provocación– como algo en sí mismo horrible, como un acto a menudo gratuito de horror. Pero reproducir no es representar: de ahí ese tufillo a túnel de los sustos o a parque temático que en este campo emanan tantas propuestas artísticas que se pretenden radicalmente transgresoras.

En un extremo contrario, o simplemente vecino, están las trivializaciones del horror, sus versiones más o menos tolerables, que tanto contribuyen a digerirlo. Hay algo profundamente contradictorio en la pretensión de amparar el horror bajo el manto de la estética, de sobreponer una imagen -cualquiera que sea- a lo que por sí mismo constituye -y tal es su esencia- un agujero negro para los sentidos, para la inteligencia, para la conciencia. Es por eso que la representación del horror se convierte automáticamente en su denuncia. Pero ese es otro peligro del artista ocupado en este empeño: el de confundir una cosa con la otra, la denuncia del horror con su representación. Y no es así. Toda obra de arte que aspira a la representación del horror lanza un cable por encima del abismo. Solo el buen arte, sin embargo, mantiene ese cable tenso y permite al espectador avanzar a través de él, sin hurtarle al mismo tiempo la visión del abismo.

Luis Vidal tiene detrás de sí una notable trayectoria como sondeador del horror, y hasta el momento ha acertado, con raro instinto, sortear los peligros mencionados. Su último trabajo quizás sea la mejor y más afortunada prueba de cómo lo consigue. El horror al que nuevamente se enfrenta –al que nos enfrenta– no puede resultar, de entrada, más intolerable: nada menos que los abusos y la violencia de todo orden infligidos a niños. Por su carácter a menudo morboso, una materia de esta naturaleza se presta a toda suerte de manipulaciones efectistas, realizadas con propósito de escándalo o de denuncia. Pero el caso es que, sin renunciar al escándalo ni a la denuncia, sin renunciar tampoco al efecto, sin renunciar ni siquiera –menos que nada– al espectáculo, Luis Vidal consigue que el espectador se enfrente a esa materia y la contemple con la dificultad y con el distanciamiento adecuados para no caer presa de ningún shock o impacto avasallador, sino, por el contrario, él mismo participar en la construcción de la emoción y del espanto que todo ello le produce.

Así ocurre en las pinturas de puntos, en las que lo que se ofrece a la contemplación del espectador no es tanto el horror como su enigma y su cifra: su inminencia. Mínimos detalles sugieren apenas la atrocidad de una escena de la que, en rigor, el espectador no acierta a ver nada, siendo su propia imaginación (calenturienta) o su propia voluntad (cómplice) las que ilustran el horror que a la vez se le oculta y se le muestra. El carácter lúdico de la propuesta entraña una irónica perversidad por parte del artista, que invita al espectador, bajo su propia responsabilidad, a cobrar por su propio pie conciencia de lo que está viendo. Tratándose de un horror que afecta a la infancia, Luis Vidal adopta, para cobrar conciencia del mismo, la perspectiva de la infancia. Y es por medio de un conocido juego infantil como el espectador se “inicia” en la realidad atroz que subyace al punteado al parecer inocuo de la tela, de forma semejante a como, desde su inocencia, el niño se inicia a través del miedo y del dolor y del castigo en el horror del mundo en el que le ha tocado sufrir.

Puesto que todos los miedos tienen su origen en la infancia (ya alguien dijo que en los cuentos infantiles están archivados todos los horrores del mundo, horrores que esos mismos cuentos tratan de conjurar), no existe forma más eficaz de encarnar el horror que recurriendo, como hace Luis Vidal, a la iconografía de la imaginación infantil. El gran lobo blanco y antropomorfo con el sexo erecto es una imagen que acude a la tradición más arcaica y más popular para emblematizar el Mal. Y es de nuevo con una cruel ironía como esos niños víctimas, esos niños suicidas que sucumben al horror del Gran Lobo humano, llevan ellos mismos máscaras de graciosos animalitos. El modo con que las fábulas populares y -mucho más edulcorada y machaconamente- la industria Disney se ha empeñado en atribuir a la naturaleza sentimientos humanos es ahora “desenmascarado” mediante el procedimiento de imponer a los niños suicidas el rostro “inocentemente” animal de la brutalidad y del salvajismo del que se han hecho víctimas.

Sobre los abismos a los que, como un funambulista, le gusta asomarse, Luis Vidal ha conseguido de nuevo tensar un cable por el que, con espíritu engañosamente lúdico, invita al espectador a atravesarlos, imponiéndole en el recorrido una conciencia a la vez crítica y espantada de una realidad a la que tiende a cerrar los ojos. Esos ojos que, aunque se resistan, Luis Vidal se empeña y consigue abrir. Para que vean.

MIE 5 JUL // 19.30 hs.
hasta 14 de Agosto

Luis Vidal: Barcelona, 1970. www.luisvidalweb.com
De manera individual, algunas de sus exposiciones fueron: “Lindos y Lindors” – New Art Barcelona (1996/España); “Umbilical Meninos” – Gallery Baró Senna (01/Sao Paulo, Brasil); “The Lambs of Good” – LUXE Gallery (04/New York, E.E.U.U); “Abuse Garden” – Walter Otero Gallery (06/San Juan, Puerto Rico).

Participó de diversas exposiciones colectivas en espacios como la Bienal de Arte Contemporáneo de Girona (1990/España); FIAC 00 (2000/París); National Gallery of Georgetown (03/Islas Cayman); 8º Bienal de La Habana (03/Cuba) y en el Museo de Arte Contemporáneo (04/Bs.As.) para el “Certamen Iberoamericano de Pintura”, entre otros.

Sus obras forman parte de importantes colecciones como las del Museo de Arte Moderno de Girona (España); Rolf Hoff Collection (Oslo, Noruega); Fundación Privada Vila Casas (Barcelona, España) y Bass Museum of Art (Miami, EE.UU.), entre muchas otras.

“La Granja de Dios” es un proyecto elaborado conjuntamente entre Luis Vidal y Ricardo Ramón, Director del Centro Cultural de España en Lima.

Una coproducción CCEC – CCE Lima

Links de prensa:
La Voz Del Interior

La Mañana De Córdoba

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