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Oscar Bony // Imágenes violentadas

Desde su retorno al país en la década del ochenta, tras un prolongado exilio, la obra de Oscar Bony se orientó decididamente hacia la indagación conceptual de la fotografía.

Ni el medio ni su aproximación eran ajenos al artista. Ya dos décadas antes, Bony había sido uno de los precursores del conceptualismo en la Argentina, habiendo experimentado, entre otras cosas, con formas no-cinematográficas del cine*. Por esa época comenzó también su labor como fotógrafo, que encuentra su veta más productiva, desde el punto de vista artístico, en los años recientes.

Sus primeras fotografías al regresar al país, forman parte de instalaciones en las que tematiza la memoria. Sin embargo, las imágenes fotográficas no actúan como meras representaciones del pasado, sino que se confrontan con el espacio y los objetos para introducir conflictos semánticos. Se trata de una serie intimista, en la que el artista intenta recuperar sus vínculos con el pasado y sus afectos, a través de una composición fragmentada que remite a la discontinuidad fundante de la vida contemporánea.

Poco tiempo después, realiza su primera serie de fotografías baleadas, Obras de Amor y Violencia . Se trata de placas de plomo, bronce y aluminio perforadas por impactos de balas, a las que sigue una serie de paisajes locales y autorretratos impactados de la misma forma, los Fusilamientos y Suicidios .

En este conjunto de obras, la violencia ocupa literalmente el primer plano de la imagen. Bony eligió el mayor calibre de un arma de guerra maniobrable con las manos para transmitir de manera contundente su concepción acerca del arte y la sociedad en la que vivimos. Los disparos remiten a la realidad argentina de la década del setenta, donde el tema de la represión política y la violencia es excluyente, pero también, al contexto internacional actual en el que la violencia se vislumbra como un conflicto permanente. Disparar a su propia imagen invoca, asimismo, la idea del propio suicidio “que ha golpeado la mente de todos los artistas” según asegura Bony.

Sin embargo, más allá del sentido inmediato de los impactos de bala que el artista realiza sobre su propia imagen en la serie de los Suicidios , los disparos mentan la puesta en acto de la mirada, que descubre al medio “perforándolo”, exhibiéndolo en su materialidad –marco, vidrio protector, papel fotográfico– y desenmascarándolo en tanto productor y mediador de la imagen. Con el disparador de su arma, Bony completa el circuito iniciado por el disparador de su cámara fotográfica, exponiendo la imagen como un nuevo fragmento de realidad, pulsante ante los ojos del espectador.

Existe, por otra parte, todo un juego de referencias y alusiones estéticas orquestadas con precisión. La más evidente, es el homenaje a Lucio Fontana, el artista rosarino que con sus agujeros y tajos inaugura uno de los cuestionamientos más potentes a la representación artística como campo de la ilusión.

En los Suicidios , Bony encarna un juego ambiguo que le permite aparecer simultáneamente como víctima y victimario. Más allá de los factores estéticos, su obra se presenta preferentemente como una visión de la realidad que apela al compromiso del espectador. Su mirada fija hacia te refuerza esta voluntad por involucrar al público en su potente denuncia contra la violencia.

Rodrigo Alonso

* En obras como 60 m 2 de alambre y su información o El Tiempo es esférico, uno de los cortometrajes presentados en el Instituto Di Tella en la exhibición Fuera de las formas del cine.
Listado de las Obras
(Todas las obras miden 100 cm x 127 cm y son de 1997)
1. La Familia del Barrio.
2. La Telaraña.
3. Pantano.
4. Palabras de Humo.
5. La Luz Mala.
6. La Penitencia.
7. Corona de Espinas.
8. Memoria y Balance.
9. Inocente / Culpable (díptico).

Acompaña la muestra el video “Instante Bony” (2000) de Andrés Denegri.

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